Los beneficios de las vacaciones exóticas

Mira cómo viajar a lugares diferentes y salir de la zona de confort trae beneficios para tu salud mental.

Al terminar las vacaciones de invierno, la mayoría de nosotros empieza a soñar con las vacaciones de verano — algunos hasta comienzan a planearlas. Claro que es tentador repetir lo mismo de todos los años: ir a la casa de veraneo de la familia, alguna playa conocida, tu ciudad favorita o aquel resort que les encantó. Normalmente decidimos gastar nuestro dinero en comodidades, previsibilidad y descanso, y claro que tiene sus beneficios.

Sin embargo, como psicólogo, creo que los viajes deben ser realizados para alcanzar lo opuesto: salir de la zona de confort, exponerte a la incerteza y evitar el descanso para ir más allá. Como consecuencia encontraras el crecimiento interior – más desarrollo emocional, empatía y creatividad. Un reciente viaje a Sri Lanka, con una parada inesperada en Tailandia, me llevó a pensar más profundamente sobre los impactos positivos de aventuras que nos desafían.

El primer beneficio es un marcado desarrollo emocional, o una capacidad para no reaccionar impulsivamente, observando aquellas emociones que surgen, y analizándolas cuidadosamente para entender sus posibles causas y, de esta forma, decidir deliberadamente cómo administrarlas. En un estudio con 485 adultos americanos, la exposición a un viaje internacional tenía relación con una mayor capacidad de controlar la atención y la energía, que nos ayuda a actuar de manera eficaz en diferentes situaciones y a exhibir señales adecuadas, verbales y no verbales, de emoción. Visitar más países (amplitud) o experimentar una mayor inmersión en la cultura local (profundidad) intensifica esos efectos, y ellos se mantuvieron en los participantes luego de haber vuelto a casa. Con el paso del tiempo en comunidades, ciudades o países desconocidos, uno se vuelve más tolerante, capaz de admitir su propia incomodidad y más confiante en su capacidad de navegar en situaciones ambiguas.

Sentí ese desarrollo durante las dos semanas que pasé en Sri Lanka. En medio de una cantidad inmensa de niños y adultos vestidos con batas multicolores y hablando cingalés, nunca me sentí tan extranjero en toda mi vida. Sabía que no lograría usar un coche alquilado en las calles angostas tomadas por tuk-tuks, ciclistas y peatones, y idea de comprar pasajes, comida, ropa o artículos de arte que no tenían precio fijo era asustadora. Finalmente, me adapté.

Luego de algunos días allí, tomé coraje y fui a clases de yoga ofrecidas en su totalidad en cingalés. Ahora sé que cualquier ansiedad inicial es solamente una reacción y que desaparecerá en el momento en el que yo la controle.

La empatía también aumenta cuando los viajes te llevan a nuevos lugares. En este mismo estudio con americanos, aquellos que habían viajado al exterior demostraron una mayor capacidad de juzgar a las personas hasta juntar informaciones sobre ellas más allá de los trazos superficiales (edad, sexo, raza, etnia). Estos mismos americanos también eran más aptos para discernir si las acciones de la otra persona reflejaban características de la personalidad profundamente arraigadas o una variedad de factores situacionales que podían influenciar su comportamiento. Cuando investigadores chinos realizaron un estudio con 197 adultos antes y después de viajar, descubrieron influencias similares en la aplicación de esfuerzos para lidiar con diferentes culturas en relación a valores en común y padrones de comportamiento en interacciones sociales cotidianas. Las personas que viajaron a más países desarrollaron una mayor tolerancia con extraños, como también una mayor confianza en ellos, lo que cambió su comportamiento no solo con desconocidos, sino también con colegas y amigos. Ellos pasaron a ser más comprensivos con personas que tenían otros conocimientos, filosofías y capacidades. 

En Sri Lanka, vi una estatua de Buda de marfil en un domo de vidrio cercado por luces de neón brillantes y titilantes en una manzana de la ciudad – tal vez, para mí, un despropósito, pero no para los lugareños. Cada pocas cuadras, había un policía parado con un fusil de asalto o una ametralladora, al principio fue intimidante, pero los policías sonreían y conversaban informalmente y entonces noté que eran solo hombres en uniforme haciendo su trabajo. Cuando fui al gimnasio para ejercitarme, los televisores mostraban un juego de Kabbadi — que para mí parecía un grupo de personas jugando a la mancha – y vi como el mundo del deporte es realmente variado.

El tercer beneficio de vacaciones que salen del lugar común es la creatividad. Un estudio con 46 trabajadores holandeses descubrió que después de realizar un viaje al exterior por dos o tres semanas, eran capaces de crear un mayor número de ideas y más variadas para formas alternativas de usar objetos del día a día, como ladrillos, ruedas, cucharas y lápices. Estudiosos en Singapur también notaron que una mayor exposición a otras culturas durante viajes – hacer amistades internacionales, estudiar idiomas y escuchar música y consumir comida de otros países – está relacionado a encontrar soluciones a problemas de forma no convencional.

Luego de mi reciente experiencia viajando, empecé a lidiar de otra manera con el proceso de contradicción e funcionarios para mi Laboratorio de Bien-Estar. Aún hago la mejor pregunta existente para prever el futuro desempeño del candidato en el trabajo: “Cuánto sabes sobre nuestro grupo de investigación?”. Pero ahora también hago preguntas más insólitas, tales como: “Si pudieras revivir un momento de tu vida, ¿cuál sería y por qué?”; “Qué te gusta que te pregunte sobre tu infancia y por qué?”; y “Cuales creencias tienes que no son comunes?”. También pregunto si y de qué manera esas experiencias influenciaron su pensamiento y comportamiento. No hago eso solo por diversión. Quiero ir a fondo de las experiencias culturales de los candidatos para determinar si pueden traer un nuevo punto de vista capaz de aumentar nuestra creatividad colectiva y proveer beneficios. Como mínimo, acontecen interacciones ricas y significativas. Como máximo, nuestro equipo se fortalece y crece.

Este artículo fue inspirado en una expedición de la cual tuve la suerte de participar. Sin embargo, creo que es posible generar un crecimiento parecido a través de viajes más cortos — a otros estados, ciudades e incluso a otras casas, desde escenarios urbanos hasta rurales, de norte a sur, de este a oeste. Si pasas tiempo en un ambiente no familiar y con personas cuyos orígenes y creencias no son exactamente iguales a las tuyas, estás logrando ampliar tus horizontes. Muchos viajes de negocios y por placer son planeados para maximizar la comodidad y minimizar la incerteza (parques temáticos y cruceros son dos ejemplos que se me vienen a la cabeza). Pero las vacaciones son una oportunidad ideal para el autodesarrollo. Lo que los lugares de trabajo necesitan actualmente son personas desenvueltas, que se sientan cómodas en situaciones incómodas, entiendan la perspectiva de los otros y sean capaces de innovar en vez de repetir lo que ya sabe. Puedes estar lejos de la oficina, pero eso no quiere decir que se debe parar de crecer.

Texto de Todd B. Kashdan para la página Harvard Business Review.


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